Alianzas público-privadas para el desarrollo del patrimonio natural de Chile

Santiago de Chile es una ciudad en la que hay muchas más iniciativas asociadas al desarrollo de espacios verdes de lo que una primera mirada superficial supondría. Está lleno de noticias que muestran la cantidad de espacios baldíos o mal administrados en la urbe, así como iniciativas cuyo propósito es recuperarlos y mejorar los barrios a través de proyectos de parques y jardines. Además, es una metrópolis con 26 cerros isla y un entorno cordillerano que pocas urbes en el mundo ofrecen.

Ordenar y mejorar todos esos espacios verdes en forma eficiente requiere, además de modelos de gestión, administrar muchas variables: voluntad política, platas comerciales, fondos públicos y filantropía, además de una hoja de ruta estratégica de largo plazo, que ayude a priorizar las inversiones del Estado y entregue información que retroalimente constantemente el plan.

“En Chile hay plata”. ¿Quién no ha escuchado esa frase?. Sin duda que hay plata, pero muy pocos de los que las controlan tienen la posibilidad de donarla o invertirla a discreción en planes que no tienen un propósito claro o lagunas de información. La entrega de fondos, por lo tanto, está subordinada mayoritariamente a proyectos que demuestren algún tipo de rentabilidad, eso no cambia para las grandes inversiones entre el mundo privado y el público.

Lo que cambia es que el Estado funciona en base a prioridades sociales y políticas y las empresas en base a rentabilidad económica o de posicionamiento comercial. La Intendencia de la capital de Chile, tiene la responsabilidad de financiar y solucionar un problema así para Santiago, pero en la practica el horizonte de largo plazo político no pasa de los cuatro años, porque hay elecciones por un lado y con ello las voluntades y por otro, los equipos de trabajo cambian en cada votación, lo que se traduce en que hay que empezar de cero constantemente. En el mundo privado por otro lado, existen espacios en donde el largo plazo tiene cabida, pero la evaluación comercial exige una respuesta clara y balanceada entre rentabilidad y riesgo.

Lo anterior es un análisis muy corto y simple de un problema complejo, pero da luces de que la solución integral del tema está asociada a alianzas entre el sector público y privado en la medida de que las fortalezas de cada uno equilibren la sinergia. En todo caso, lo más probable es que la mayor dificultad no esté en el diseño, sino en la administración de intereses que pueden juntarse y separarse muchas veces en el transcurso de la ejecución de estos proyectos, que siempre son de largo aliento.