Pasado, presente y futuro del RKF El Durazno

Por Santiago Flores

RKF El Durazno es un ícono del mountain bike santiaguino y tiene una historia que comenzó entre los 80 y 90. Se llamó El Huinganal, Reserva El Durazno y El Durazno Bikepark antes de ser un parque RKF. De hecho, empezaba mucho más abajo. Hubo una época en que para llegar a la Buitrera se partía pedaleando por senderos a la altura del Shopping de la Dehesa y los que conocían sus rincones eran pioneros de la disciplina. Algunos de ellos aun pedalean fuerte, son más que veteranos. Hay uno al que hasta fuera de Chile se le conoce informalmente como local legend.

El aumento de “consumo” de aire libre y avance inmobiliario aportaron lo suyo para hacer crecer el bikepark como destino. Aquel local legend, junto a unos amigos formaron una tienda que se llamaba MTBlab y lo desarrollaron como destino de mountainbike, trayendo a una empresa de constructores de senderos profesional desde Estados Unidos que se llama Momentum Trails. Así, en 2011, nació El Lomo Vetado, la primera pista propiamente tal de bicicletas de todos los alrededores, con saltos, peraltes y diseño pensado por especialistas. También por primera vez se veían máquinas trabajando senderos. El hito fue un boom, pero también trajo problemas: por esos días se hizo famosa la aplicación de entrenamiento STRAVA y la poca conciencia colectiva terminó en un Lomo Vetado completamente impactado con atajos y zonas erosionadas sin ninguna necesidad. Esto escribió Eduardo “Large” de Solminihac en montenbaik.com cuando recibió a los Momentum Trails en 2013, cuando vinieron a construir la segunda pista de las características, Calibre 12: “la decepción de ellos fue gigante. Zanjas por andar con barro y nieve, acortes, líneas paralelas, árboles rotos, señaleticas rotas, etc… No lo podían creer, de hecho, me dio vergüenza ajena cuando llegaron a la casa a contarme”.

A partir de este episodio, en octubre de 2013 Large invitó a uno de ellos, Matt Thompson, a escribir su impresión en una carta abierta a los usuarios del Durazno bikepark, en la que en resumidas cuentas responsabiliza a la ignorancia de la comunidad, al poco respeto y sensibilidad por el medioambiente y a los mayores por no enseñar a los que se venían iniciando en este deporte a cómo usar el lugar. Esa carta causó un remezón entre los ciclistas. El Durazno estaba en crisis.

En junio de 2015, Outlife tomó la administración de la propiedad, sin saber mucho de bikeparks, pero con experiencia probada en la administración de campos privados disfrutados por la comunidad para hacer deporte. Con financiamiento externo proveniente del patrocinio de las marcas RKF, Columbia, Merrell y Land Rover al principio, y después con Vivo y Polaris, con el tiempo se ha podido recuperar el lugar, hacer más senderos, y educar a la comunidad. Eso ha traído muchas externalidades positivas, pero las soluciones nunca son eternas y el aumento de visitas año a año ha traido consigo, obviamente, mayor demanda de mantención de senderos. Así comenzó la cultura de voluntariados y posteriormente, a partir de agosto de 2016, nuestro crowdfunding interno: el Club del Paleo, como medidas para mantener a raya el aumento del desgaste del parque. Cada cosa funcionó, pero con su techo orgánico propio: no le podemos pedir a una iniciativa, que por sólida que haya sido, logró juntar en su peak a 300 aportantes que controle el deterioro que producen 8.000 visitas mensuales (entre 2016 y 2018, el RKF El Durazno ha tenido un aumento de 36% de visitas). Cada una de las soluciones que se han implementado han dado resultados positivos en el corto plazo, pero el crecimiento del destino, que en si es bueno en la mayoría de los aspectos, ha producido mayor desgaste del entorno natural en el mediano plazo.

El resultado es que hoy estamos nuevamente en crisis y hay que tomar medidas:

Una gran solución es abrir nuevos bikeparks en la zona. La mayor dificultad que tiene ese proyecto es congeniar en plazos razonables la voluntad de los propietarios con el financiamiento. Es irresponsable comprometer fechas y planes, porque hay que articular un sistema complejo. En este sentido, hemos avanzado con el desarrollo y actual construcción del Parque Chamisero.

Otra opción es el cobro de entrada. Los otros bikeparks ubicados en la zona cobran: Cerro 26 Bikepark y Parque Las Palmas. La Parva, si bien no cobra entrada tiene un andarivel y todos los que van lo usan. El único gratis es El Durazno y por supuesto, el más masivo.

En los tres años que tenemos de administración del proyecto, el cobro es una alternativa que se ha postergado porque se ha respetado el principio de “uso y costumbre”, pero queremos serles francos: hoy es una opción real. La decisión final no depende exclusivamente de la variable aumento de ingresos, ni del monto de la entrada o de estructurar programas comerciales de captación de membresías: el proyecto cobro abarca nuevas mejoras, responsabilidades en términos de seguridad, estándar de senderos, un protocolo ordenado de relacionamiento con las escuelas de mountain bike, que en su mayoría están en deuda con el Durazno, porque lo utilizan sin ningún estándar formal de formación ni de relación con el lugar y tienen la inmensa responsabilidad de estar formando niños. Hay que considerar también atención de emergencias, cierres perimetrales, presencia, programas de educación más completos de los visitantes, etc. Hay muchos elementos que considerar y hacer convivir armónicamente y eso implica diseño y mucho trabajo.

Nos estamos adelantando bastante, tal vez, pero estamos hablando de una comunidad de entre 7.000 y 9.000 visitas mensuales, entre las cuales, muchos son niños que tienen un bikepark único en Latinoamérica para aprender a andar en bici y eso lo queremos mantener en el largo plazo, como un pilar fuerte.

El RKF El Durazno no va a perder su rol social, pero no podemos por esa razón comprometer la naturaleza y biodiversidad del lugar y descuidar el compromiso con los propietarios de cuidarle su fundo, que además durante años nos lo han prestado para uso libre de la comunidad ciclista.